martes, 4 de agosto de 2015

¿Pero qué se creerán que son los sacramentos? Pablo D'Ors y Rico Pavés

El sacerdote madrileño Pablo D'Ors y Francisco Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe
En la Edad Media, que ni era tan oscura ni tan retrasada, sino solo eso, "media" entre la antigua y la moderna, las Quaestiones Disputatae servían para que el debate teológico permitiera exponer distintas posturas, contraponer las razones a favor o en contra de la verdad de esas tesis y proponer una profundización que hiciera avanzar el conocimiento teológico. En nuestra Edad Folletinesca, como la llamara Hermann Hesse en "El juego de los abalorios", los debates parecen más cuestión de carnicería vecinal en la que se despelleja y descuartiza sin ánimo constructivo ni afán sincero por la verdad. Valga todo esto como introducción a una reflexión sobre la controversia suscitada por el artículo de Pablo D'Ors en en número 2947 de Vida Nueva: ¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva? En dicho artículo el autor, escritor y maestro de meditación, cuestiona la significatividad actual de los sacramentos por el modo de celebrarlos que, en su opinión, está muy lejos de la vitalidad y experiencias de la gente que participa en los mismos. En definitiva, se trata de una denuncia que muchos sacerdotes, catequistas y equipos de liturgia manifiestan a menudo sobre la conexión real entre lo formalmente significado por las palabras y gestos de la liturgia y lo vivido por los participantes que, en sana liturgia del Vaticano II, son también, en distintos niveles pero todos juntos, celebrantes de esa liturgia. Ante esta situación, Pablo D'Ors reclama una actualización que permita retomar la sincronía celebrativa entre los rituales y los participantes. 
La respuesta no se ha hecho esperar, el obispo auxiliar de Getafe y teólogo Francisco Rico Pavés reacciona "con enorme pesar" el el artículo Dios hecho pequeño, publicado también en Vida Nueva (nº 2951). El obispo teólogo, y contrariado, se centra con razón en la fe como clave para poder acceder al significado de los sacramentos, si bien, parece pensar que la fe puede suplir la comprensión (¿Sabe que el carácter sagrado de los sacramentos no estriba primariamente en el significado que nosotros les damos, sino en haber nacido de la voluntad salvífica de Cristo para comunicarnos su Vida?) Claro que el significado no lo ponemos nosotros pero sí que formamos parte de él, so pena de que se interrumpa el diálogo salvífico que misma fe es y por el cual los sacramentos son "Mysterium fidei". Y es que no es lo mismo decir que por fe creemos más de lo que entendemos que postular que se puede creer sin entender nada, es la diferencia que hay entre el credo ut intelligam (creo para entender) y el credo quia absurdum est (creo porque es absurdo).
Hasta aquí una sumarísima exposición de los hechos. Es preciso leer ambos artículos. En mi opinión no hablan de la misma cosa. Sí que hablan los dos sobre los sacramentos, pero Pablo D'Ors se centra en su aspecto significativo y en el modus celebrandi como medio para que dicha significación sea real, lo cual no puede ocurrir si no es "actual", es decir, si no ocurre en el acto de comunicación que es la celebración misma del sacramento. Mientras que Rico Pavés parte y se queda en la esencia originante del sacramento, la gracia misma por la que Dios actúa para realizar su amor salvador y que no es reconocible sino por fe puesto que ella misma es parte de la fe. Por otra parte, ambos se centran casi exclusivamente en la Eucaristía, lo cual también matiza de manera importante lo que dicen ambos de forma genérica sobre "los sacramentos". 
Cuando se está hablando de la reserva eucarística y de la adoración no se tiene por qué dudar de la afirmación creyente de la presencia real eucarística. No en vano, la reserva no existió siempre y tiene su propia historia y su relación con otras realidades eclesiales: el viático para los enfermos, en un primer momento; la reacción contra la Reforma luterana, en un segundo paso. La Iglesia ortodoxa cree en la presencia real y sin embargo no hace reserva ni exposiciones del Santísimo.
Hay sin embargo, sobre todo en las reacciones de algunos lectores, aspectos colaterales a este cruce de opiniones que me parecen más preocupantes. La necesidad de condenar, la sospecha sobre la deslealtad o falta de fe por parte de quien opina diferente, el prurito de creer que la Iglesia es solo como uno la vive. Pastoralmente es cierto que los sacramentos se quedan a veces muy lejos de la vida que celebran y santifican. Que hay una ruptura significativa es tan cierto como que su significado es "para" nosotros y por tanto debe ser accesible y compatible con las experiencias igualmente "reales" de quienes los celebran.
Un viejo sacerdote de mi diócesis, ya fallecido, Dios lo tenga en su gloria, comentaba que el cura de un pueblo era muy aficionado a la partida de cartas después de comer, la vivía con pasión. Una vez, en medio de la partida, un niño vino a decirle que lo mandaba su madre a llamar porque su abuelo se estaba muriendo, para que le diera "los sacramentos", como el cura no acabara de levantarse y partir para cumplir la demanda, el niño insistía. Harto de la molestia, con gesto airado, el cura tiró las cartas sobre la mesa y levantándose exclamó: "¿Pero que creerá esta gente que son los sacramentos?" Aquí el que no leía con fe lo que son y significan los sacramentos era el cura. Pero, ¿no pone de manifiesto la fe que hay debajo de la demanda del chiquillo que lo que "son" los sacramentos está interiormente relacionado con lo que significan y que no lo son "signifiquen lo que signifiquen"? O dicho de otro modo, entenderlos forma parte de su esencia y la fe no es aquí la mera aceptación de algo, se entienda o no, sino la vivencia real de su sentido sanador.

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